La torrija es una de las señas de identidad de nuestra repostería tradicional, especialmente cuando llega el tiempo de Semana Santa.
Pero si sustituimos el pan de labor por un tierno pan brioche, elevamos este típico postre a una experiencia de alta cocina, un auténtico capricho gourmet.
Esta variante de la tradicional torrija no se fríe en abundante aceite, sino que se carameliza lentamente en mantequilla, logrando un exterior crujiente y un interior tan tierno que se deshace en la boca, combinando la herencia de nuestras abuelas con la delicadeza de la pastelería francesa.
