Entre dos luces, el día que se extingue y la noche que se anuncia, con el sol ardiendo en el horizonte antes de ser oscuridad.

Zamora se recorta contra el cielo; y es plata, espejo, su Duero, nuestro río, que viaja crecido, inmenso, en vocación atlántica hacia la mar.

Así los días a la última luz mientras las piedras se encienden y la ciudad es una antorcha, un faro que ilumina nuestros sueños.

Tan hermosa.

Fotos: Rafael Lorenzo

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