El sol asoma por Sanzoles, el pueblo del Zangarrón y bailes en honor del Niño, y en el Teso del Viso, allá donde puso su pie la Madre de Dios; pinta rescoldos, brasas, en el cielo de la Tierra del Vino en este otoño que se anuncia en el soplo gélido de las madrugadas, en los días más cortos y las noches que se prolongan.
Todo es silencio, todo es calma en la primera hora, en la promesa de un nuevo día de vendimia y de sementera, en la recolección del fruto y la esperanza del surco, en el natural devenir de las cosas y de las gentes del campo, el ciclo de la vida.
Con el cielo encendido como una inmensa lengua de lava sostenida en el infinito, con este preludio tan hermoso, nada puede salir mal.
Amanece, y no es poco.
Fotos: José M. Robles

