Luces de chocolate amargo

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Hay que tener pocas luces, mucha mala leche o un desmedido afán de protagonismo para denunciar al Ayuntamiento de Puebla de Sanabria por la instalación de las luces de Navidad de Ferrero Rocher y querer aparecer después como víctima de un complot vecinal con el alcalde a la cabeza.

Con la ley en la mano, probablemente el denunciante  tenga razón. Pero las leyes también se hicieron para saltárselas en casos excepcionales, como es el que nos ocupa, por lo que aún se entiende menos que la Junta de Castilla y León tramite dicha denuncia, que podría suponer una multa cercana a los 5.000 euros para el Ayuntamiento de la preciosa villa sanabresa.

Dice el refrán que “poco dura la alegría en casa del pobre”. El estallido de alegría que era Puebla de Sanabria la noche en que Jesús Vázquez anunció que era el pueblo elegido por los internautas ha quedado silenciado por una denuncia que, más que una preocupación real por el Patrimonio de la Villa, parece una vendetta en toda regla contra el alcalde y su Ayuntamiento y, por ende, contra todos los vecinos. Una acción insolidaria de un particular e incomprensible desde la Administración, máxime cuando a todos los representantes institucionales se les llena la boca contra la despoblación en el medio rural y posibles medidas para paliarla.

La acción publicitaria ha sido una inyección de vida para la hermosa y pobre Sanabria y, como tal, y al no detectarse ningún daño en el Patrimonio, es poco menos que surrealista que Puebla pueda ser condenada a pagar una multa en una cadena de despropósitos que comienza en el mismo momento en que un vecino, que ahora dice sentirse amenazado, decide aguarle la fiesta a todos los demás. Si por ello fuera, me pregunto con qué derecho cuelgan entonces enormes cartelones institucionales –y también de empresas privadas- en nuestro Patrimonio cuando es objeto de alguna restauración. Acaso no restauraban estas luces el patrimonio humano, el ritmo vital de esta villa?

No busquen una caza de brujas ni una ira desmedida en estas palabras, ni la teoría conspiranoide a la que apunta ahora el denunciante. Ni sé quién ha sido ni tengo intención ninguna de conocerlo, pero me parece un insulto a la inteligencia que quiera justificar su amor por Sanabria con una denuncia tratando de salvaguardar el Patrimonio. Un Patrimonio cuya conservación es, por cierto, ejemplar en esta preciosa villa sanabresa.

Puebla de Sanabria ha sido durante las pasadas Navidades una fiesta, con una ocupación hostelera que no se conocía en esas fechas. La campaña publicitaria de Ferrero Rocher puso a La Puebla en el mapa de España durante más de un mes y supuso una inyección económica y de vida importantísima en una de las comarcas más deprimidas de la también deprimida provincia de Zamora, como es Sanabria.

La noticia ha caído como diez mil jarros de agua fría, uno por bombilla, sobre Puebla y sus gentes. No es de justicia este apagón final, este amargor que ha congelado el dulzor de los bombones, la sonrisa emocionada de todos los que celebramos esa iluminación como un regalo, como un premio a una tierra que lleva demasiados años en la oscuridad y en el olvido.

Una tierra que no merece que quieran apagarla con tanta mala leche, con tan pocas luces. Una tierra que ojalá luciese llena de vida todo el año, así pongan carteles en el Ayuntamiento.

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