Existe una hora mágica en la que se funden el cielo y el agua; la tierra y el aire, el día que se abre paso entre las sombras. Es el nacimiento del sol, preámbulo de la luz que pone en pie la vida, que viste la piedra de verano.

Amanece y todo es azul en la ciudad dorada, azul el infinito horizonte; azul el Duero, su reflejo bajo el puente, su cántico.

Dónde, dónde acaba el cielo.

Foto: Héctor Martín Calvo

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