Luto en la Diócesis y en la Semana Santa con el fallecimiento de José Antonio Prieto

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El sacerdote recibía en 2007 el Barandales de Honor, máxima distinción de la Junta de Cofradías de Zamora. Capellán de diversas hermandades, fue párroco en Lourdes, San Lázaro, Entrala, San Juan y San Vicente, y San Torcuato.

La diócesis de Zamora y el mundo de las cofradías están de luto con el fallecimiento a los 85 años de edad del sacerdote José Antonio Prieto, quien en 2007 recibía el Barandales de Honor, máxima distinción de la Junta pro Semana Santa, por su entrega y colaboración con todas ellos en los años más difíciles.

Aquejado en los últimos años de una grave enfermedad, José Antonio Prieto celebraba en mayo del pasado año sus Bodas de Diamante con el sacerdocio, después de dedicar 60 años de su vida al servicio de Dios y de los demás.

Hombre afable y cercano, José Antonio Prieto comenzaba su servicio a la Iglesia en Toro, en la parroquia de San Julián, y también como formador en el Seminario menor toresano. Después de esta primera etapa se traslada a Salamanca, también de formador, a un colegio mayor de sacerdotes. Tras nueve años fuera, regresó a la Diócesis de Zamora y fue durante trece años formador en el Colegio menor San Atilano, tarea que compatibiliza con la delegación de Vida Contemplativa.

Como párroco ha estado en Lourdes, San Lázaro, Entrala, San Juan y San Vicente, y San Torcuato (parroquia con la que continuaba una estrecha colaboración). Entre otras tareas en la diócesis, el fallecido también fue vicario para el Clero durante siete años y capellán de las Juanas y de las Marinas.

Semana Santa

Su estrecha vinculación con las cofradías de la Semana Santa zamorana le hicieron merecedor en 2007 del Barandales de Honor, máxima distinción de la Junta pro Semana Santa.

José Antonio Prieto ha sido capellán de La Borriquita, Tercera Caída, Buena Muerte, Vera Cruz, Jesús Yacente, Nuestra Madre, Santo Entierro y de la Virgen de la Soledad. En todas ellas supo estar «a las duras y a las maduras», apoyándolas en las horas bajas de la Semana Santa y mediando con su carácter conciliador y su palabra siempre amable y meditada.

Zamora pierde a uno de sus sacerdotes más queridos y respetados por su magisterio de tantos años y su sonrisa siempre en los labios.

Descanse en paz, descanse en Dios.

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